Escribir para divulgar

 

La escritura académica y la escritura divulgativa: una frontera en movimiento

 

El lenguaje escrito, a primera vista, es una manera sencilla de “fijar” el lenguaje oral. Para que a las palabras no se las lleve el viento, el ser humano inventó la escritura hace miles de años. De esa forma pudo comunicarse con otros de manera asincrónica, o sea con otras personas que no estaban en el mismo momento con él. La escritura le permitió a la humanidad trascender el espacio y el tiempo para comunicarse.

La escritura sirvió (y sirve) para comunicar, pero también como memoria colectiva, para dejar registro de algún pensamiento o sentimiento, y retomarlo, recordarlo y recrearlo después, ya sea aquel que lo escribió como sus lectores.

En la universidad, no hay una sola manera de escribir. Circulan artículos, ponencias, informes o monografías. También textos más específicos como instructivos, manuales o proyectos. Según los fines que el escrito tenga, encontramos manuales (fines didácticos), ensayos, guiones o artículos (fines divulgativos), informes o tesis (fines estrictamente científicos), ponencias (fines explicativos), etc.

El primer paso antes de escribir cualquier texto que tenga como objetivo principal comunicar algo a alguien, es adecuarlo al lector previsto y al lector posible. La mayoría de las dificultades que se nos presentan al momento de redactar un texto se puede resolver pensando en su destinatario, tanto aquel que nos solicita el trabajo (por ejemplo, editor, autoridad u  organizador de un congreso), como la audiencia o el público previsto para leerlo.

Los géneros discursivos académicos

Los géneros discursivos pueden ser definidos como aquellos tipos o formas relativamente estables y normativos de enunciados pertenecientes a cada esfera de uso de la lengua. Ellos presentan entre sí una extrema heterogeneidad y diversidad.

Cuando los textos (artículos, libros, revistas, ponencias, etc.) pertenecen al género discursivo académico, comparten características que los asemejan entre sí y los diferencian de otros textos similares pero relativos a otros discursos (periodístico, político, etc.).

Diremos que el discurso académico es generado en el marco de una institución de investigación o enseñanza superior (el caso más común, la universidad, pero también otros organismos de investigación) por integrantes de la comunidad académica (investigador, estudiante, profesor, etc.).

“El objetivo que persiguen los textos pertenecientes a dicho género [académico] es la comunicación de saberes que impliquen la exposición, expansión, profundización o refutación de un tema reconocible y definido, de modo de exponer los conceptos centrales de una teoría, decir sobre un tema cosas que aún no han sido dichas o bien revisar con ópticas diferentes las que ya fueron dichas, entre los miembros de la comunidad científica.” (Klein, 2007, p. 35)

Un texto académico tiene que resultar confiable para la comunidad a la que va dirigido. Por ello, el enunciador debe tener en cuenta algunos elementos (Klein y otros, 2007):

  • Demostrar conocimiento del tema, manejo de las fuentes y antecedentes. Por lo tanto, es fundamental utilizar correctamente las normas de citado. Nunca se deben exponer como propias ideas ya expuestas por otros sin citarlas adecuadamente.
  • Elegir el léxico adecuado y definir los conceptos que se utilicen. Evitar palabras vagas, generales, ambiguas.
  • Mantener un registro formal al escribir, con más distancia afectiva que si se escribiera para amigos o conocidos.
  • Fundamentar las hipótesis que se presentan mediante argumentos consistentes para la comunidad académica a la que va dirigida el texto.
  • Construir un texto coherente semánticamente a través de relaciones lógico-semánticas claras.


Precisión, formalidad, síntesis: tres características principales de los textos científicos académicos.

Pero, ¿qué pasa cuando el investigador se propone trascender los límites de las reuniones con sus pares, de la comunidad científica, para contar o explicar algún tema a lectores no especializados? Hará falta más claridad que precisión, cierta informalidad en el estilo y un mayor desarrollo y análisis de los temas.

La divulgación


La divulgación es una práctica que, cuando se realiza desde la universidad, está ligada a la transferencia o extensión. Exige a los universitarios, a los investigadores, a los expertos en cualquier tema, describir, contar o explicar algo a lectores interesados pero no necesariamente especializados. Sin perder el rigor científico, el divulgador deberá utilizar el humor, metafóras, comparaciones, relatos, etc.

Cuando divulgamos o difundimos algún tema, la demostración, que es el fin principal de la clásica “literatura científica”, debe dejar lugar a la persuasión y a la narración.  No se trata de probar conocimientos (como en una tesis), ni demostrar una hipótesis (como en el artículo científico), sino de presentar un tema, explicarlo y defender una postura al respecto.

El primer límite a superar es el de los tecnicismos o la jerga especializada, que si bien resulta natural y clara para los científicos de cada área (incluidas las áreas sociales o humanísticas), para un público amplio, y aún letrado, es prácticamente otro idioma. El desafío entonces, para el investigador que quiere hacer divulgación, es escribir con un lenguaje no especializado, el mismo que usan los propios científicos cuando tienen que hablar de  cualquier tema que no es el suyo.

La divulgación no banaliza el conocimiento, sino que obliga al científico a confrontar con otros saberes y a escribir pensando en el posible lector. En el estilo divulgativo, es conveniente: ser sintético, no dar nada por conocido, explicar o reemplazar los términos técnicos, tener una mirada más amplia que la de la propia disciplina, buscar estrategias para atraer al lector (Di Meglio, 2011).

En esta misma página de Ediunc, publicamos permanentemente consejos para mejorar la escritura. Se pueden consultar y descargar en: http://www.ediunc.uncu.edu.ar/public/paginas/index/escribir-y-publicar

El ensayo

El ensayo de tipo científico es uno de los géneros del discurso escrito más apropiado para la divulgación. También se hace divulgación de otras maneras, con artículos periodísticos, entrevistas, guiones, documentales, reportajes, y utilizando diversos lenguajes y materias expresivas.

El ensayo de divulgación abreva del ensayo literario, que se considera “fundado” por Montaigne en 1571. Se trata de un género especialmente dúctil, libre y potente, y de amplio uso en los intelectuales durante los siglos XIX y XX. Poco solemne (al contrario del clásico tratado) se ha considerado propicio para la expresión de nuevos pensamientos de tipo especulativo (Real de Azúa, 1964).

El ensayo, principalmente el literario y filosófico, pero también el científico, se ha constituido siempre en la frontera en contacto permanente con otros géneros, en un área formada por diversos lenguajes y discursos, entre la prosa y la poesía, entre la ficción y la no ficción, entre la ciencia y la literatura, y como un vehículo apropiado para estudios interdisciplinarios.

Multidisciplinario y multiexpresivo por naturaleza, el ensayo coloca al investigador en el desafío y, a la vez, le da la oportunidad de saltar los precisos límites de su disciplina o su objeto de estudio y confrontar sus conocimientos con otros saberes que circulan socialmente.  Lo invita a poner énfasis en la comunicación, en la persuasión.

Personalidad, construcción, ocurrencia, multiplicidad de miras. Todo ello hace que el ensayo sea más comentario que información, más interpretación que dato, más reflexión que materia bruta de ella, más creación que erudición, más postulación que demostración, más opinión que afirmación dogmática, apodíctica.” (Real de Azúa, 1964: 21)

Y sin embargo, el autor de un ensayo de tipo científico tiene un doble desafío: escribir para todos, pero hacerlo desde la ciencia. Interpelar nuevas interpretaciones, pero desde el conocimiento fundado. Abundar en lo concreto, sin obviar el fundamento teórico y los antecedentes del campo de que se trate.

Hoy no solo circulan ensayos científicos (además de los clásicos ensayos literarios y filosóficos), sino ensayos fotográficos, audiovisuales, visuales, orales, multimediales. Cuando un ensayo escrito está acompañado por ilustraciones u otro tipo de imágenes (como es el caso de la Colección Ida y vuelta de Ediunc), éstas no acompañan meramente al texto, sino que funcionan como disparadoras de sentidos.


Bibliografía

BAJTIN, Mikail (1982). Estética de la creación verbal. México, Siglo XXI.

BIOY CASARES, Adolfo (s/f). “Estudio preliminar”. Ensayistas ingleses. Barcelona: Oceano.

DI MEGLIO, Gabriel (2011). "Wolf, el lobo. Reflexiones y propuestas sobre la relación entre producción académica y divulgación histórica". En: Nuevo Topo. Revista de historia y pensamiento crítico, nº 8, 2011.

KLEIN, Irene (coordinadora) (2007). El taller del escritor universitario. Buenos Aires: Prometeo Libros.

REAL DE AZUA, Carlos (1964). Antología del ensayo uruguayo contemporáneo. Montevideo, Universidad de la República.